La memoria y el olvido
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El Terrorismo de Estado

1. Algunas definiciones del concepto de Terrorismo de Estado

Existen pocas definiciones de este concepto, sin embargo, en los �ltimos a�os, a partir de las sistem�ticas violaciones de derechos humanos ocurridas en diversos pa�ses del mundo y en especial en Am�rica Latina bajo dictaduras militares, dicho concepto ha comenzado a definirse en el campo de los derechos humanos.

Tambi�n es cierto que el terror utilizado por parte del Estado no es algo nuevo en la historia de la humanidad, ya que �ste ha sido aplicado desde los or�genes por dicha instituci�n. Al terminar la Segunda Guerra Mundial, surge la idea de que los horrores y el holocausto cometidos por la m�quina del Estado nazi, nunca m�s volver�an a repetirse.

Toda la humanidad parec�a haber comprendido las lecciones de la �ltima gran guerra, m�s a�n cuando un gran n�mero de naciones de todos los continentes, hab�a firmado la Declaraci�n Universal de los Derechos Humanos de la Organizaci�n de Naciones Unidas en el a�o1948. Entonces, resulta sorprendente que el Estado, que por principio debe velar por la seguridad de las personas de la naci�n, nuevamente se convierta en una m�quina de terror. Eso es lo que ha pasado en algunos pa�ses de Am�rica Latina, a partir de la instauraci�n de dictaduras militares, que bajo la ideolog�a de la Doctrina de la Seguridad Nacional, fueron aplicando, en la pr�ctica, diversas formas de terror.

As�, la desaparici�n forzada de personas corresponde a la expresi�n m�s perfecta y siniestra del terrorismo de Estado, constituyendo a la vez la violaci�n de derechos humanos m�s flagrante y global que se conozca.

Aunque los estudios sobre el tema en la actualidad han suscitado bastante inter�s por parte de investigadores de diversos campos, dichos trabajos se han circunscrito fundamentalmente a las acciones de grupos o individuos. En efecto, el terrorismo ha sido considerado como un fen�meno cl�sico, utilizado muchas veces en la historia y considerado como la forma m�s violenta de guerra sicol�gica, pero se le ha examinado m�s a nivel de acciones individuales o de grupos que a nivel de acciones de Estado.

Recientemente, desde el campo de los derechos humanos, ha surgido inter�s en el estudio del fen�meno del terrorismo de Estado principalmente por las consecuencias nefastas, en vidas humanas, que �ste ha ocasionado en diversas naciones, en especial en pa�ses del Tercer Mundo. Entre los investigadores figuran personalidades como Noam Chomsky, ling�ista norteamericano, qui�n ha se�alado que generalmente

"se considera al problema del terrorismo internacional como uno de los m�s serios en la actualidad, raz�n por la cual debe ser abordado de manera urgente por los Estados civilizados". (39)

Noam Chomsky plantea que no existe desacuerdo en cuanto a la definici�n de "terrorismo". El t�rmino se refiere a la amenaza o al uso de la violencia:

Para una definici�n m�s precisa podemos aceptar el C�digo Penal de Estados Unidos, que define el "acto de terrorismo" como una actividad que:

"a. Abarca un acto violento o un acto peligroso para la vida humana que constituye una violaci�n de las leyes criminales de Estados Unidos o cualquier Estado, o que hubiera sido una violaci�n criminal si hubiese sido cometida dentro de la jurisdicci�n de Estados Unidos o cualquier Estado;

b. parece tener el prop�sito de:

  1. intimidar o ejercer coerci�n sobre la poblaci�n civil;
  2. influir la pol�tica de un gobierno por medio de la intimidaci�n o la coerci�n; o
  3. afectar la conducta de un gobierno por medio del asesinato o el secuestro." (40)

Seg�n Noam Chomsky existen diferentes variedades de terrorismo:

Los dos �ltimos, el terrorismo de Estado y terrorismo individual dependen de la fuente de planeaci�n y operaci�n; o puede ser una combinaci�n de ambos, cuando el terrorismo individual opera bajo las �rdenes del Estado o bajo su direcci�n y apoyo. El autor considera que en torno al tema del terrorismo, la preocupaci�n principal la constituyen los casos m�s serios: "el terrorismo a gran escala, dirigido generalmente por Estados o sus agentes, dentro de sus propias fronteras o fuera de ellas". (41)

William Schulz, investigador en sociolog�a, se�ala que "si bien el terrorismo de Estado es tan viejo como la sociedad de clases misma, y pese a que constituye uno de los principales modos de operaci�n de muchos Estados nacionales contempor�neos, no ha sido bien analizado. Muchos de los aspectos y legalidades de este siniestro fen�meno est�n por investigarse o requieren de un estudio m�s profundo". (42)

Este autor se�ala que una investigaci�n hist�rica sobre las diferentes formas del terror de Estado ser�a de gran inter�s.

"Las razones por las cuales una �lite en el poder decide dar preferencia a determinadas formas de terror sobre otras (por ejemplo, la crucifixi�n en lugar de la lapidaci�n, la ejecuci�n p�blica en vez de la no p�blica, la "desaparici�n" de personas con mayor frecuencia que el "tradicional asesinato pol�tico", el uso de cl�nicas psiqui�tricas en sustituci�n de las c�rceles) conduce a otro aspecto importante del tema, a saber: la psicolog�a pol�tica del terrorismo de Estado." (43)

William Schulz plantea que el estudio del terrorismo de Estado merece una investigaci�n m�s profunda del car�cter represivo de un sistema social de clases. Se�ala que el car�cter represivo se ejerce fundamentalmente en tres niveles estructurales, a saber:

El primer nivel pasa por la estructura socioecon�mica, mediante las relaciones sociales y econ�micas imperantes. A dicha forma de violencia estructural o sist�mica, se le llama opresi�n. Algunos ejemplos de esta violencia estructural, seg�n William Schulz, son: la muerte diaria de decenas de miles de ni�os por desnutrici�n en los pa�ses capitalistas del Tercer Mundo, el analfabetismo, el desempleo, la falta de seguridad social, de vivienda, la violencia machista contra las mujeres, la discriminaci�n racista de minor�as �tnicas y sociales.

El segundo nivel de ejercicio de la represi�n sist�mica en una sociedad es la represi�n "ordinaria" del Estado, es decir, la actividad represiva que se requiere para cumplir con determinadas funciones p�blicas, tanto de car�cter clasista como de inter�s general, y que se ejecuta conforme al derecho nacional e internacional.

El tercer nivel de represi�n estructural es la violencia que perpetra el Estado en violaci�n de las normas del derecho nacional e internacional. (44)

Este autor plantea que la represi�n ordinaria y el terrorismo de Estado constituyen un medio econ�mico directo o no de apropiaci�n de riqueza por parte de una minor�a dominante. As�, el terrorismo de Estado y la represi�n ordinaria pueden utilizarse dentro de dos contextos diferentes:

a.Para la defensa de un sistema establecido de producci�n y apropiaci�n, esto incluye proyectos de reestructuraci�n o modernizaci�n de la econom�a, la instalaci�n de reg�menes fascistas, las dictaduras militares, la "desestabilizaci�n" de otros pa�ses o el uso de la "contrainsurgencia".

b.Para la expansi�n de determinadas relaciones de producci�n, o su creaci�n en �reas donde no exist�an, como sucedi� durante el colonialismo o en el proceso de la "acumulaci�n originaria del capital". (45)

De tal manera, seg�n William Schulz, la intensidad con que se utilizan las dos formas de represi�n sist�mica depende de la naturaleza y dimensi�n de la amenaza a la cual se ve expuesto el sistema clasista establecido.

Obviamente una �lite en el poder recurre a m�todos terroristas cuando su sistema de represi�n ordinario y, por supuesto, sus controles hegem�nicos, son ineficaces para neutralizar la amenaza. (46) No obstante, es importante subrayar, seg�n William Schulz que:

"...la �lite en el poder reacciona ante una amenaza conforme a la percepci�n que tenga de ella. Esto explica por qu� el terrorismo de Estado es usado a veces de manera "excesiva", es decir, por encima de las necesidades o intereses objetivos de las clases dominantes que los emplean; y, as� mismo, por qu� se aterroriza a grupos sociales, pol�ticos o religiosos que objetivamente no constituyen ninguna amenaza real para el sistema." (47)

Seg�n William Schulz, el terrorismo de Estado puede operar de dos maneras:

Otro punto de vista y complementario al anterior se encuentra en Miguel Bonasso que define el "terrorismo de Estado" para distinguirlo del "terrorismo" a secas que involucra a grupos o individuos que carecen precisamente del poder represivo del Estado y utilizan la violencia indiscriminada para expresar su oposici�n a ese poder y tratar de desestabilizarlo." (49)

Miguel Bonasso indica, desarrollando la definici�n de terrorismo de Estado:

"se usa esta denominaci�n para demarcar un modelo estatal contempor�neo que se ve obligado a transgredir los marcos ideol�gicos y pol�ticos de la represi�n "legal" (la consentida por el marco jur�dico tradicional) y debe apelar a "m�todos no convencionales", a la vez extensivos e intensivos, para aniquilar a la oposici�n pol�tica y la protesta social, sea �sta armada o desarmada." (50)

Seg�n Miguel Bonasso se deducen dos definiciones:

"El terrorismo de Estado es siempre de origen conservador y, por lo tanto antag�nico a los intereses hist�ricos de los sectores populares. Aunque alguna vez haya sido perpetrado bajo consignas revolucionarias, como pudo ser en el caso del r�gimen de Pol Pot en Camboya.

"El terrorismo de Estado es siempre vergonzante, porque siempre est� atrapado en la misma contradicci�n: debe difundir sus practicas m�s crueles y aberrantes para generalizar el terror y asegurar la dominaci�n pero debe, al mismo tiempo, negar su autor�a para no transgredir las normas jur�dicas internas e internacionales que aseguran -en teor�a- el respeto a los derechos humanos." (51)

Cabe puntualizar de que no es tan cierta la idea de que el terrorismo de Estado es siempre utilizado por reg�menes conservadores. El per�odo estalinista en la ex-URSS y en otros pa�ses de Europa del Este, demuestra que all� tambi�n se utiliz� la maquinaria del Estado terrorista no s�lo en contra de opositores, sino que tambi�n contra disidentes que participaron del proceso revolucionario.

M�s adelante, Miguel Bonasso se�ala tambi�n que "a�n cuando es aplicado mayoritariamente por dictaduras militares, establecidas precisamente para desplegar el sistema terrorista con mayor eficacia y sin ning�n tipo de controles period�sticos o parlamentarios, el "terrorismo de Estado" se presenta como el �ltimo basti�n del "sistema democr�tico" y del "mundo libre". (52)

Los reg�menes militares que lo aplican �particularmente en Am�rica Latina� tienden a mostrarlo como transitorio, como etapa cruel pero necesaria, que antecede al retorno de la "Constituci�n y la Democracia." (53)

Ernesto Garz�n, jurista espa�ol, analiza el

"concepto de terrorismo de Estado" desde el punto de vista de su legitimidad f�ctica y de su ilegitimidad �tica. Define el concepto de terrorismo de Estado como el ejercicio del poder estatal caracterizado por:

�La afirmaci�n de la existencia de una "guerra vertical" con un enemigo infiltrado en todos los niveles de la sociedad, que suele actuar como agente de una confabulaci�n internacional, cuya finalidad es la eliminaci�n de valores aceptados como absolutos por quienes detentan el poder.

�La delimitaci�n imprecisa de los hechos punibles y eliminaci�n del proceso judicial para la determinaci�n de la comisi�n de un delito.

�La imposici�n clandestina de medidas de sanci�n estatal prohibidas por el orden jur�dico oficialmente proclamado (torturas y homicidios, entre otros).

�La aplicaci�n difusa de medidas violentas de privaci�n de la libertad, la propiedad o la vida, prescindiendo en muchos casos, de la identidad del o de los destinatarios de las mismas y de los actos u omisiones de los que pueden ser responsables; la aplicaci�n de la violencia a v�ctimas inocentes contribuye precisamente a reforzar la "eficacia" del terror.

La conjunci�n de estas caracter�sticas permite formular la siguiente definici�n de terrorismo de Estado:

"El terrorismo de Estado es un sistema pol�tico cuya regla de reconocimiento permite y/o impone la aplicaci�n clandestina, impredecible y difusa, tambi�n a personas manifiestamente inocentes, de medidas coactivas prohibidas por el ordenamiento jur�dico proclamado, obstaculiza o anula la actividad judicial y convierte al gobierno en agente activo de la lucha por el poder." (54)

Seg�n Ernesto Garz�n, la definici�n de terrorismo de Estado puede ser completada y explicitada haciendo referencia a sus elementos funcionales m�s importantes desde el punto de vista institucional. El terrorismo de Estado requiere:

a. Una cierta organizaci�n ideol�gica cuya base es un dogma, una idea que vale como pauta absoluta, incuestionable, y que sirve de excusa o justificaci�n para la destrucci�n de todo aquello que se oponga a ella. Tal fue el papel de la llamada "Doctrina de Seguridad Nacional".

b. Un equipo eficaz de propaganda que justifique y argumente las medidas aplicadas y contrarreste y estigmatice posiciones contrarias.

c. Disciplina interna de las organizaciones ideol�gicas: eliminaci�n de la capacidad de autocr�tica de los miembros de la organizaci�n encargada de aplicar las medidas coactivas a trav�s de algunos mecanismos de "disciplina interna". (55)

Seg�n Ernesto Garz�n entre los argumentos que son utilizados para excusar o justificar la aplicaci�n de aquellas medidas que justamente son definitorias de terrorismo de Estado, se cuentan las siguientes:

a. El argumento de la eficacia. La imposici�n del "terror estatal" es la forma m�s eficaz para combatir el terrorismo urbano y/o rural.

b. El argumento de la imposibilidad de identificaci�n del "terrorista". Ello exige la aplicaci�n difusa de medidas de coacci�n.

c. El argumento de la simetr�a de medios de lucha. La respuesta cabal al "terrorismo indiscriminado" es el reforzamiento del monopolio de la violencia estatal a trav�s de medios equivalentes a los que utiliza el "terrorista urbano y/o rural".

d. El argumento de la distinci�n entre �tica p�blica y �tica privada. En el campo de la pol�tica, desde el punto de vista �tico, a diferencia de lo que sucede en el �mbito de las acciones privadas, lo decisivo para juzgar el comportamiento de quienes detentan el poder es el resultado alcanzado. Si el resultado logrado por la v�a del terrorismo de Estado es la paz, se obtiene as� el fundamento necesario para una verdadera "sociedad democr�tica".

e. El argumento de la inevitabilidad de consecuencias secundarias negativas. El fin que persigue o la imposici�n de medidas difusas y clandestinas de represi�n es la paz y la seguridad. Que como efecto secundario ello implique la destrucci�n de vidas humanas es algo perfectamente justificable si se recuerda la "teor�a del doble efecto", sustentada por los escol�sticos.

f. El argumento de las "elecciones tr�gicas". "El terrorismo urbano y/o rural" coloca al Estado frente a una situaci�n que podr�a ser calificada como de "elecci�n tr�gica": si no se da respuesta al terrorismo de una manera eficaz, se pone en peligro la existencia misma del Estado; por otra parte, una respuesta eficaz exige la aplicaci�n de medidas al margen de la legalidad.

g. El argumento de la primac�a de los valores absolutos. Existen valores pol�tico-sociales que tiene una validez absoluta e incondicional. Su realizaci�n es condici�n necesaria para la felicidad y el bienestar de la sociedad. Quienes se oponen a ellos... se convierten en enemigos irreconciliables del orden social, y, por tanto, su eliminaci�n est� justificada. (56)

Finalmente E. Garz�n indica que:

"El terrorismo de Estado no puede ser nunca una forma permanente de gobierno. As� lo reconocen tambi�n quienes lo propician o practican cuando subrayan el car�cter transitorio de este tipo de sistema como etapa preparatoria para una "democracia verdadera". Desde el punto de vista �tico, postular el "aullido gubernamental" como v�a para el afianzamiento de la democracia es tan inaceptable como propiciar la muerte intencional de inocentes para amedrentar a los culpables reales o probables." (57)

2. El terrorismo de Estado en America Latina

Una de las caracter�sticas comunes de la historia contempor�nea en Am�rica Latina es el hecho de que existen profundas desigualdades e injusticias sociales en grandes sectores de la poblaci�n. Esta situaci�n ha provocado grandes tensiones y conflictos sociales permanentes. Probablemente, esta constataci�n, junto al impacto pol�tico de la revoluci�n cubana en la regi�n y el contexto internacional de "guerra fr�a" fueron algunos componentes que configuraron una nueva visi�n del papel del Estado y de las Fuerzas Armadas en el continente.

El miedo atroz a los cambios sociales, a los movimientos populares, a la "amenaza comunista" fueron creando un clima de inseguridad (en muchos casos artificial y ficticio) en las clases dominantes de Am�rica Latina que las condujo a otorgar mayores cuotas de poder a instituciones militares y policiales que aseguraban el mantenimiento del "orden vigente" y el "status quo".

Situaciones de inestabilidad pol�tica e institucional, reflejando a veces una crisis del sistema democr�tico, no son excepcionales en el continente. Se conoce, por ejemplo, la intervenci�n en pol�tica de los militares mediante golpes de Estado y cuartelazos desde el inicio del per�odo rep�blicano.

La "cultura de la pobreza", la dependencia econ�mica y pol�tica de las grandes metr�polis imperialistas, la no resoluci�n de los problemas sociales de los sectores m�s d�biles y marginados de la poblaci�n, la imposibilidad de cambios sociales, van creando las condiciones del enfrentamiento social y pol�tico.

Otra particularidad aparece a finales de la d�cada de los 60 con el desarrollo de poderosos movimientos sociales de car�cter popular y reivindicativo que en muchos casos cuestionaban el poder establecido y se presentaban como proyectos pol�ticos alternativos. El caso del gobierno de la Unidad Popular en Chile, del Presidente Allende, es un claro ejemplo.

De tal manera, la irrupci�n del conflicto social y pol�tico en diversos �mbitos de la sociedad lleva a situaciones de polarizaci�n de fuerzas. La respuesta de los sectores dominantes no ser� el di�logo ni la b�squeda de salidas de consenso. La soluci�n ser� la represi�n pol�tica.

Esta represi�n tendr� caracter�sticas totalmente diferentes. No ser� la represi�n tradicional, salvaje de anta�o. La represi�n debe ser distinta. Primero, porque ya no causa mucho efecto la forma tradicional, y segundo, porque el movimiento popular tambi�n responde, en algunos casos, con formas de violencia.

Se requiere un nuevo tipo de represi�n, nuevos m�todos y t�cnicas, m�s eficaces y sistem�ticos. En definitiva, una nueva concepci�n de la represi�n para hacer frente a los conflictos sociales. As� se recurre a la estrategia de la contrainsurgencia y la Doctrina de la Seguridad Nacional como un auxiliar ideol�gico que justifica teoricamente la necesidad de la "seguridad" y la preparaci�n para la guerra en contra del "enemigo interno".

Para cumplir con estos objetivos, se agregan otros elementos, tales como:

� Estructurar las Fuerzas Armadas de acuerdo con los nuevos principios. En la preparaci�n militar para un eventual conflicto, se dar� mayor �nfasis a la lucha contra un "enemigo interno" que contra un enemigo externo.

� Las situaciones de conflicto o guerra no ser�n asumidas exclusivamente en el plano militar. Hay que combatir en todos los frentes y con todas las formas de lucha, ya que la "guerra es total". Aqu�, la guerra psicol�gica y la utilizaci�n del terror desempe�an un papel fundamental.

Por consiguiente, con la ineficacia de los tradicionales m�todos de represi�n, con esta nueva visi�n de neutralizar y reprimir los conflictos sociales, con un nuevo papel para el Estado y las Fuerzas Armadas, con la incorporaci�n de la ideolog�a de la Seguridad Nacional, con la preparaci�n militar para oficiales latinoamericanos en escuelas internacionales de contrainsurgencia, va surgiendo algo nuevo.

De este modo, se han configurado todos los elementos y condiciones para comprender la raz�n y la l�gica, por la cual algunos gobiernos, civiles o militares, han aplicado determinadas formas de terrorismo de Estado, constituyendo la desaparici�n forzada de personas, la expresi�n m�s perfecta y acabada.

Delimitando el concepto de terrorismo de Estado aplicado a las experiencias de gobiernos que utilizaron estos m�todos de represi�n pol�tica en Am�rica Latina y que tomaron como base la ideolog�a de la Doctrina de Seguridad Nacional, en una investigaci�n sobre el tema, Alvaro Del Barrio Reyna y Jos� Le�n Reyes se�alan:

"El terrorismo de Estado constituye el aspecto m�s notorio de la Doctrina de la Seguridad Nacional, traducido en un total desconocimiento del derecho a la vida y de la libertad personal, en torturas y desaparecimientos cometidos con el alegado motivo de la lucha contra la subversi�n. La honda ilegitimidad que suponen las distintas caracter�sticas de la ideolog�a de la Seguridad Nacional, conducen a sus adeptos y ejecutores prevalidos del poder total, a una situaci�n de hipocres�a y clandestinidad. Adoptan el sigilo, la nocturnidad, el ataque por sorpresa, las pr�cticas delictivas; la infracci�n del propio orden jur�dico que en las horas de luz dicen defender y que, en todo caso no se atreven a suprimir.

El terrorista estatal es a�n m�s execrable que el terrorista extraestatal, al precaverse del aparato del Estado para delinquir, ocultarse, protegerse o hacerse impune. El tr�ptico que caracteriza la ideolog�a del terrorismo de Estado es: secreto, clandestinidad e impunidad." (58)


3. El terrorismo de Estado en Chile

La utilizaci�n de la m�quina del Estado para generar represi�n y terror en Chile comenz� con el advenimiento del r�gimen militar. Las graves violaciones de los derechos humanos condenadas por Naciones Unidas, la Organizaci�n de Estados Americanos, Amnist�a Internacional y en diversos foros internacionales, demostraron la gravedad de la situaci�n. El campo de violaci�n de los derechos humanos abarc� en Chile. (59) los siguientes elementos:

a.Violaciones del derecho a la vida

  1. Muertes. Diversos tipos de muerte: ejecuciones, con desaparecimiento; por torturas; en supuestos enfrentamientos, homicidios premeditados, por abusos de poder, etc.
  2. Detenidos-desaparecidos

b.Violaciones del derecho a la integridad personal

  1. Torturas. Diversos tipos de tortura: f�sicas o ps�quicas, con aplicaci�n de descargas el�ctricas, de tipo sexual, por golpes, aplicaci�n de drogas, quemaduras, inmersiones
  2. Tratos y penas crueles, inhumanas y degradantes
  3. Homicidios frustrados
  4. Heridos y lesionados

c. Violaciones del derecho a la libertad personal

  1. Detenciones arbitrarias. Detenciones individualizadas y selectivas, en manifestaciones, en allanamientos masivos, secuestros
  2. Presos pol�ticos
  3. Relegaci�n (confinamiento en lugares remotos e inh�spitos)

d.Violaciones del derecho a la seguridad personal

  1. Amedrentamiento
  2. Allanamiento

e. Violaciones del derecho a vivir en la patria

  1. Exilio
  2. Refugiados

Considerando que el terrorismo de Estado fue una pol�tica de represi�n utilizada por el r�gimen militar que provoc� la violaci�n de derechos humanos m�s grave, sistem�tica y masiva en la historia reciente de Chile, �sta se puede caracterizar por todos aquellos hechos de violencia pol�tica que causaron conmoci�n y alarma p�blica y que provocaron situaciones de terror hacia la comunidad.

Entre los hechos o pr�cticas t�picas de terrorismo de Estado realizadas entre 1973 y 1990, cabe mencionar las siguientes (60):

� El bombardeo del Palacio Presidencial de La Moneda el 11 de septiembre de 1973, en el cual se encontraba el Presidente constitucional, Ministros y colaboradores.

� La ejecuci�n de un grupo de arrestados en Curacav� el 17 de septiembre de 1973 por Carabineros de dicho lugar. Del total de 7 personas, cinco son ejecutadas y dos logran sobrevivir. Entre estos �ltimos, uno de ellos, Jos� Guillermo Barrera, despu�s de haberse asegurado en el Ministerio de Defensa que no era buscado, regresar� a Curacav� en marzo de 1974, siendo nuevamente detenido y desaparecido.

� La ejecuci�n de 13 personas en Osorno el 18 de septiembre de 1973 por carabineros y colaboradores civiles de dicha localidad.

� La ejecuci�n de 19 personas de Laja y San Rosendo el 18 de septiembre de 1973 por Carabineros de la Tenencia de Laja. Los detenidos fueron ejecutados en el camino de Los Angeles, entre Yumbel y Laja, y sus cuerpos fueron enterrados clandestinamente.

� La ejecuci�n de 18 campesinos de Paine el 24 de septiembre de 1973 por efectivos del Regimiento de Infanter�a de San Bernardo.

� La ejecuci�n de cerca de 22 personas en Valdivia en octubre de 1973 por miembros del Ej�rcito.

� La ejecuci�n de 6 detenidos por "ley de fuga" en Pisagua el 30 de septiembre de 1973.

� La ejecuci�n de 4 estudiantes universitarios en Cauquenes el 3 de octubre de 1973 por efectivos militares de esa ciudad.

� La ejecuci�n de 13 campesinos en Mulch�n en octubre de 1973 por una patrulla de Carabineros, militares y civiles.

� La ejecuci�n de cerca de 9 dirigentes ferroviarios de la Maestranza de San Bernardo el 10 de octubre de 1973 por militares de la Escuela de Infanter�a de San Bernardo.

� La ejecuci�n de 10 personas en un Consejo de Guerra en el campamento de detenidos de Pisagua en octubre de 1973 por efectivos militares.

� La ejecuci�n de 23 personas en Paine de los asentamientos campesinos "24 de abril", "Nuevo Sendero" y "El Tr�nsito" en octubre de 1973 por miembros del Ej�rcito.

� La ejecuci�n de 72 presos pol�ticos entre el 15 y 19 de octubre de 1973 en las ciudades de La Serena, Copiap�, Antofagasta, y Calama, por la llamada "caravana de la muerte", una delegaci�n militar a cargo del general Sergio Arellano Stark.

� La ejecuci�n de 7 detenidos en un "supuesto enfrentamiento" en Caut�n, Temuco, el 10 de noviembre de 1973 por miembros del Regimiento Tucapel.

� Instalaci�n del centro clandestino de detenci�n y tortura de la calle Londres 38 en pleno centro de Santiago en marzo de 1974. Posteriormente ser� reemplazado por otros recintos similares, tales como la casa en "Jos� Domingo Ca�as", "La Discoteca" o "Venda sexy", "Villa Grimaldi", todas a cargo de la DINA. Por aqu� pasar�n gran parte de los detenidos que posteriormente ser�n desaparecidos.

� Muerte del general de la Fuerza A�rea Alberto Bachelet, v�ctima de las torturas a que fue sometido, el 14 de marzo de 1974. Seg�n la versi�n oficial, su muerte se produjo por "un ataque al coraz�n". El general Bachelet particip� en un cargo p�blico durante el gobierno de la Unidad Popular.

� Muerte del ex-Ministro del Interior, Jos� Toha, detenido por los militares. Seg�n versi�n oficial, �ste se suicid� en el Hospital Militar, donde estaba hospitalizado.

� Muerte en atentado explosivo del ex-Comandante en Jefe del Ej�rcito de Chile, general Carlos Prats y su esposa Sof�a Cuthbert en Buenos Aires el 29 de septiembre de 1974. Al llegar a su residencia, un poderoso artefacto explosivo colocado bajo el chasis del autom�vil y detonado a distancia por control remoto, hace explosi�n causando la muerte del general y su esposa. Ellos hab�an buscado refugio en Argentina despu�s del golpe militar. El general Carlos Prats, militar leal a la Constituci�n, se neg� a participar en el gobierno de la Junta Militar, teniendo que abandonar Chile por razones de seguridad personal. En los d�as previos al atentado el general Prats hac�a gestiones para viajar a Europa, viaje que hab�a sido demorado por las autoridades chilenas. El agente de la DINA, Michel Townley abandon� Buenos Aires el mismo d�a del atentado.

� Publicaci�n en Argentina y Brasil de una lista de 119 casos de desaparecidos. Se trata de una operaci�n conjunta de la DINA y los servicios de seguridad argentinos que intenta hacer creer a la opini�n p�blica que un grupo de detenidos en Chile por la DINA en 1974 habr�a muerto a consecuencias de purgas pol�ticas internas y en enfrentamientos con las Fuerzas Armadas de Argentina. Este montaje resulta completamente falso ya que existen innumerables pruebas de testigos y familiares de las v�ctimas que demuestran que en los 119 casos, todos fueron detenidos y desaparecidos en Chile por la DINA.

� Inicio de las operaciones del "Comando Conjunto", un grupo antisubversivo formado por el Servicio de Inteligencia de la Fuerza A�rea, Carabineros y ex-militantes del grupo de extrema derecha Patria y Libertad. El Comando Conjunto ser� el responsable de la represi�n en contra del Partido Comunista (PC).

� Intento de asesinato en contra del ex-Ministro del Interior y ex Vicepresidente de la Rep�blica, Bernardo Leighton y su esposa Anita Fresno, en Roma el 6 de octubre de 1975. Leighton fue herido de un disparo en la cabeza en un atentado terrorista al llegar a su casa. Despu�s de varias semanas de debatirse entre la vida y la muerte sobrevivir�. Su esposa que tambi�n fue atacada, qued� en estado semi-paral�tico. Leighton, fundador del Partido Dem�crata Cristiano (PDC), junto con 12 militantes de ese partido emitieron una condena categ�rica al golpe de Estado, dos d�as despu�s de producido �ste en 1973. La Junta Militar le hab�a prohibido regresar a Chile. Responsable de esta acci�n fue el grupo de extrema derecha italiano Avanguardia Nazzionale, en conexi�n con la DINA.

� Asesinato, en 1976, de Carmelo Soria, ciudadano espa�ol y funcionario internacional de la CEPAL quien fue secuestrado, torturado y estrangulado por agentes de la DINA. Su cuerpo fue arrojado a un canal para simular un accidente.

� Asesinato en un atentado con explosivos de Orlando Letelier, ex-Ministro de Relaciones Exteriores y ex-Ministro de Defensa Nacional del gobierno de la Unidad Popular, en Washington el 21 de septiembre de 1976. En el ataque muere tambi�n la ciudadana norteamericana Ronni Moffitt y queda herido su marido Michael Moffitt. El explosivo fue colocado bajo el automovil y accionado por control remoto mientras Letelier conduc�a su coche en pleno centro de Washington. Letelier hab�a sido privado de su nacionalidad por la Junta Militar 12 d�as antes de su muerte por "atentar gravemente contra los intereses del Estado". Michael Towley, involucrado en este atentado, agente de la DINA, utilizando un pasaporte falso hab�a abandonado Washington el d�a anterior.

� Detenci�n en el lapso de tres semanas de 13 dirigentes del PC en Santiago, entre noviembre y diciembre de 1976. La versi�n oficial de los militares se�ala que las v�ctimas habr�an abandonado el pa�s por un paso fronterizo en direcci�n a Argentina. Los abogados de organismos de derechos humanos logran demostrar que registros de salida del pa�s fueron adulterados y que existen pruebas concretas de que fueron capturados en Chile por los servicios de seguridad.

� Asesinato de Tucapel Jim�nez, Presidente de la Asociaci�n Nacional de Empleados Fiscales de Santiago el 25 de febrero de 1982. Jim�nez promov�a la posibilidad de la unidad de los trabajadores en contra del r�gimen. Fue encontrado muerto en su autom�vil con dos balazos en el cr�neo y tres pu�aladas. Hab�a recibido numerosas amenazas de muerte y era habitualmente seguido por desconocidos de civil.

� Muerte de Loreto Castillo en Santiago, el 16 de mayo de 1984. La v�ctima fallece en la explosi�n de una poderosa bomba, junto a una torre de alta tensi�n. En los d�as siguientes informaciones de prensa dicen que Loreto Castillo es una "terrorista" que ha cometido diversos atentados. Sin embargo, H�ctor Mu�oz, esposo de la v�ctima denuncia haber sido detenido con su mujer el d�a de la explosi�n por un grupo de civiles. Despu�s de golpearlos hasta dejarlos inconscientes, los desconocidos los colocaron separadamente junto a torres de alta tensi�n con explosivos a punto de explotar. La bomba de Mu�oz no estall� y salv� su vida.

� Muerte a tiros de siete personas a manos de agentes de la Central Nacional de Informaciones (CNI), en la ciudad de Concepci�n el 23 de agosto de 1984, en "enfrentamientos" que, seg�n testigos, no existieron.

� En un atentado atribuido a izquierdistas, que destruye la iglesia de F�tima de la ciudad de Puntas Arenas, el 6 de octubre de 1984, se encuentra el cad�ver del verdadero autor del atentado, el teniente de Ej�rcito Patricio Contreras Mart�nez, importante miembro de la CNI local.

� Secuestro y posterior degollamiento de tres profesionales del proscrito Partido Comunista: el dirigente de los profesores Manuel Guerrero, el dibujante Santiago Nattino y el soci�logo de la Vicar�a de la Solidaridad, Jos� Manuel Parada, en Santiago, el 28 y 29 de marzo de 1985. El juez civil Jos� C�novas, despu�s de cuatro meses de investigaci�n, acusa a los servicios de seguridad dependiente de Carabineros (DICOMCAR). El Director de Carabineros y miembro de la Junta de Gobierno, general C�sar Mendoza, es obligado a renunciar a los cargos por los restantes mandos de las Fuerzas Armadas.

� Asesinato en Santiago de los hermanos Rafael y Eduardo Vergara por funcionarios de Carabineros, el 29 de marzo de 1985 al tiempo que agentes de la CNI matan a balazos a la joven Paulina Aguirre de 20 a�os.

� Durante un paro nacional y una jornada de protesta populares callejeras contra la dictadura, el 2 y 3 de julio de 1986, policias y soldados matan a siete personas en Santiago, entre ellas el fot�grafo Rodrigo Rojas, a quien una patrulla encabezada por un teniente quema vivo. Carmen Gloria Quintana, acompa�ante de Rojas, sufre quemaduras graves y queda desfigurada.

� Secuestro y ametrallamiento de cuatro opositores al r�gimen militar en Santiago entre el 8 y 9 de septiembre de 1986. Ellos son Felipe Rivera, Gast�n Vidaurr�zaga, Jos� Carrasco y Abraham Muskablit quienes son asesinados por civiles armados del denominado comando "11 de septiembre", como represalia y venganza por el atentado fallido que sufriera el general Pinochet el d�a anterior, reivindicado por el Frente Patri�tico Manuel Rodr�guez (FPMR).

� Muerte de 12 personas en la llamada "Operaci�n Albania" entre los d�as 15 y 16 de junio de 1987, en Santiago, en operativos coordinados por la Central Nacional de Informaciones (CNI).

� Asesinato con doce disparos de Jecar Neghme, dirigente del MIR, cuando caminaba por una calle en el centro de Santiago el 4 de septiembre de 1989.


Notas:

39. CHOMSKY, N., SCHULZ, W., BONASSO, M. Terrorismo de Estado,ediciones Txalaparta, Navarra, Espa�a, 1990.

40.Ibid, p.38

41. Idem

42. Schulz, Williams, en Terrorismo de Estado,Txalaparta, Navarra, Espa�a, 1990.

43. Ibid.,p.33

44. Ibid, p.28

45. Ibid., p.29

46. Idem

47. Idem

48. Ibid.,p.30

49. Bonasso, Miguel.Terrorismo de Estado,ed Txalaparta, Navarra, Espa�a, 1990, p.9

50. Ibid., pp.9-10

51. Idem

52. Idem

53. Ibid., pp.10-11

54. GARZON VALDES, Ernesto.El Terrorismo de Estado, en Revista de Estudios Pol�ticos, N� 65. julio-septiembre 1989, Madrid.

55. Ibid., pp.40-41

56. Ibid., pp.40-41

57. Ibid., p 50

58. DEL BARRIO, REYNA, y LEON REYES, J. Terrorismo, ley antiterrorista y derechos humanos, Universidad Academia de Humanismo Cristiano, Santiago, 1991.

59. V�ase Red de Inform�tica de Instituciones de Derechos huamnos de Chile, Glosario de definiciones operacionales de las violaciones a los derechos humanos, FASIC, 2� edici�n, 1991, Santiago.

60. Eugenio Hojman y Equipo Revista An�lisis, Memorial de la Dictadura, 1973-1989, Santiago, Editorial Emisi�n


Editado electrónicamente por el Equipo Nizkor- Derechos Human Rights el 28sep01
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