La memoria y el olvido
La memoria y el olvido

Capitulo Anterior Proximo Capitulo Baja
La Desaparición Forzada de Personas

1. Origenes de la desaparición forzada de personas

Es dif�cil establecer con absoluta claridad algunos antecedentes hist�ricos sobre los or�genes de la desaparici�n forzada de personas por parte del Estado (agentes, personas o grupos a su servicio). No obstante, existen diversas interpretaciones sobre sus or�genes.

Antes de examinar el concepto, es conveniente se�alar que el derecho internacional humanitario se preocup� del tema a finales de la Segunda Guerra Mundial, pero exclusivamente en relaci�n a los casos de "desaparecidos en combate".

En ese sentido, el Comit� Internacional de la Cruz Roja se�al� su preocupaci�n por los prisioneros de guerra y por las personas desaparecidas durante los conflictos armados de car�cter internacional.

Los Convenios de Ginebra de 1949 y el Protocolo Adicional I de 1977 consagran la obligaci�n de los Estados que participan en un conflicto internacional, de identificar combatientes, no combatientes y muertos en combate.

Sin embargo, el tema de nuestro trabajo es diferente, ya que aqu� se trata de la desaparici�n forzada de personas como un m�todo represivo utilizado por parte de agentes del Estado. En este caso, el contexto hist�rico es generalmente de conflicto interno o de grave crisis pol�tica.

Aunque el Estado ha utilizado el terror desde sus inicios como instituci�n legitimadora de la violencia en el seno de las sociedades, algunos investigadores consideran que el fen�meno de la desaparici�n forzada de personas como expresi�n represiva por parte del aparato del Estado, comienza a esbozarse a partir de la Segunda Guerra Mundial.

En 1940, durante la ocupaci�n nazi de varios pa�ses europeos, Adolfo Hitler dictamina una orden militar, conocida como "balance del terror" que reprime severamente los actos de la resistencia con resultado de muertes.

As�, por cada militar alem�n muerto, habr�a como represalia de los ej�rcitos del Tercer Reich, un n�mero determinado de ejecutados de la resistencia y poblaci�n civil en consonancia con el grado del uniformado muerto. (61)

Dicha orden implantaba la pr�ctica de la detenci�n de rehenes entre la poblaci�n civil y especificaba la idea de estructurar un sistema org�nico de desinformaci�n sobre las listas de detenidos, tanto del lugar de la detenci�n como para las condiciones en las cuales se encontraban. Seg�n Sim�n L�zara:

"� esta orden de Hitler, ratificada de inmediato por el Estado Mayor Alem�n, parece ser el primer precedente formal e institucionalizado del sistema de desaparici�n forzada de personas utilizado como m�todo de detenci�n, a pesar de que �ste tuvo otras expresiones anteriores a lo largo de la historia....De esta orden transcurri� un a�o y en 1941 Hitler puso en pr�ctica otro decreto.

Este, conocido m�s tarde como "noche y niebla", expuso las formas mediante las cuales el Estado nazi esperaba llegar a "la soluci�n final del problema jud�o": el exterminio sistem�tico en los campos de concentraci�n.... Bergen, Buchenwald, Treblinka, Auschwitz, Maidanek... esos nombres del horror y la indignidad est�n en la historia, tanto como los m�todos usados para hacer desaparecer a los prisioneros y todo el sistema montado con ese fin: el desvanecimiento en la noche y en la niebla." (62)

En esa misma orientaci�n el abogado Rodolfo Mattarollo cita un largo pasaje del Abate Joseph de la Martini�re, deportado N. N. (sin nombre) en Dachau y sobreviviente de los campos de concentraci�n nazi, quien en su libro "Le d�cret et la proc�dure, Nacht und Nebel (Nuit et brouillard)" relata que una resistenta francesa, en el verano de 1941, fue indultada de la pena de muerte personalmente por Hitler.

Este no confirm� el fallo, lo conmut� por una pena de prisi�n y resolvi�: "Esa mujer debe ser llevada a Alemania y luego aislada del mundo exterior". Seg�n La Martini�re,

"...en realidad el F�hrer hab�a pensado que la desaparici�n de esta francesa ser�a m�s impresionante que su ejecuci�n y tendr�a la ventaja de no hacer de ella una m�rtir, como Miss Cavell... Y despu�s Hitler concibi� la idea de generalizar ese caso aislado. A lo largo de una entrevista con Keitel, en septiembre de 1941, le imparti� instrucciones: las actividades comunistas en los pa�ses ocupados se extend�an, y las sentencias de los tribunales, que exig�an largos procedimientos y condenaban en general a penas de prisi�n, carec�an de todo efecto psicol�gico. Orden� entonces que s�lo se iniciaran procesos en los pa�ses ocupados en los casos en que, de acuerdo al derecho vigente, se pod�a contar con certeza y en el m�s breve plazo con condenas a muerte.

Por el contrario, todos los dem�s acusados (y �sta fue la expresi�n misma utilizada por Hitler) deb�an ser enviados "en la noche y en la niebla" (Nacht und Nebel) del otro lado de la frontera, a Alemania, donde ser�an "completamente aislados del mundo exterior". Esto producir�a un efecto de intimidaci�n, contrariamente a lo que ocurr�a con las condenas en los pa�ses ocupados." (63)

Despu�s de la derrota de los nazis en la Segunda Guerra Mundial, y de los horrores que se conocieron y se establecieron en el Tribunal de Nuremberg �en los cuales algunos responsables fueron condenados por cr�menes contra la humanidad� todo parec�a indicar que el respeto a los derechos humanos se constituir�a como los valores supremos de las sociedades civilizadas. Pero inmediatamente terminada la guerra, en 1945, comienza la llamada "Guerra Fr�a" y una serie de conflictos en diversos puntos del planeta siguen provocando sistem�ticas violaciones de los derechos humanos.

En los a�os 50 los militares franceses analizan el fracaso militar en Dien-Bien-Phu llegando a la conclusi�n de que el problema de su derrota fue de m�todos. La soluci�n es buscar nuevas formas de lucha. As�, los franceses toman las experiencias de los ej�rcitos ingleses en Malasia, de los norteamericanos en Filipinas y de los holandeses en Indonesia. Dise�an nuevas hip�tesis de conflicto e intentan establecer las nuevas formas en que se enfrentar�n los conflictos.

Por consiguiente, emerge la teor�a de un enemigo interno y de la guerra que se hace en todos los campos. La respuesta ser� una guerra total, extendida a todos los �mbitos. As� surge la doctrina de la contrainsurgencia. (64)

Algunos te�ricos militares, como Roguer Trinquier, desarrollan la idea de la contrainsurgencia, planteando que cuando el poder pol�tico est� en peligro, los militares son los �nicos que disponen de medios suficientes para establecer el orden.

En una situaci�n de "emergencia", seg�n Trinquier, los l�mites legales establecidos detienen la acci�n de las fuerzas militares regulares y la protecci�n de la ley favorece al irregular. La ley es un obst�culo para la guerra total, la soluci�n es apartar al prisionero del marco legal que pueda protegerlo. Asimismo, las tareas de inteligencia e informaciones pasan a un primer plano. (65)

Sim�n L�zara expresa que la experiencia de algunos conflictos armados y la derrota de algunos ej�rcitos modernos por fuerzas guerrilleras irregulares, fueron algunos factores que hicieron reflexionar a los militares occidentales sobre una nueva concepci�n de la guerra.

"La doctrina de la contrainsurgencia en su aplicaci�n integral requiere no sujetarse a la ley. No otorgar facilidades al "enemigo", de manera que �ste no sepa a qu� atenerse respecto del avance de una operaci�n: no se dan a publicidad las detenciones y se mantiene en secreto el lugar del encarcelamiento. La necesidad de extraer informaci�n con rapidez es cumplida mediante la aplicaci�n de la tortura sistem�tica. Esta operaci�n est� protegida por el secreto y, por tanto, no sujeta a los recaudos de la ley. Los prisioneros no contar�n con la defensa de abogados, sus parientes no sabr�n d�nde est�n, no ser� p�blica su detenci�n." (66)

Por otra parte, otros autores se�alan que el m�todo de la desaparici�n forzada de opositores no es algo nuevo, ni es la "invenci�n genial" de alg�n miembro de los aparatos represivos en los pa�ses de Am�rica Latina, sino m�s bien la aplicaci�n masiva de un m�todo ya conocido en la guerra psicol�gica, probablemente ya utilizado en la guerra de Vietnam por los militares norteamericanos. (67)

Seg�n Horacio Riquelme, a partir de la guerra de Vietnam, comienza a desarrollarse una dimensi�n de la guerra que incorpora los factores ps�quicos: se trata de la "guerra psicol�gica".

"Psic�logos sociales y antrop�logos culturales estadounidenses que le dieron seguimiento cient�fico a la guerra de Indochina, pudieron hacer observaciones significativas y llegar a conclusiones b�sicas acerca de la moral de defensa de los vietnamitas: lo que m�s afectaba psicol�gicamente a los vietnamitas involucrados en la guerra no era la muerte de sus vecinos o familiares a consecuencias de la agresi�n norteamericana, sino el hecho de no poder celebrar las ceremonias tradicionales, con las cuales acostumbraban a mostrar su luto y despedirse ritualmente de los muertos. La ausencia de ceremonias de luto romp�a el delicado v�nculo cultural que relaciona a los vivos con los difuntos; la familia y la comunidad se sent�an profundamente inseguras, como si hubiesen violado colectivamente un tab�; esta t�ctica se llam� "almas errabundas" y alcanz� un valor muy significativo en la guerra psicol�gica contra la poblaci�n vietnamita." (68)

Amnist�a Internacional se�ala que el t�rmino "desaparecido" hizo su entrada en el vocabulario de los derechos humanos en Guatemala en 1966, cuando el gobierno empez�, en secreto, a librarse de la oposici�n pol�tica. Esta pr�ctica se adopt� posteriormente en varios pa�ses de Am�rica Latina y, como una plaga espantosa, al poco tiempo hab�a infectado otros continentes.

En Guatemala las "desapariciones" continuaron en una enorme escala durante m�s de 20 a�os. Se calcula que, a partir de 1966, durante la primera d�cada del terror oficial, 20.000 personas fueron v�ctimas de homicidios pol�ticos y "desapariciones" llevadas a cabo por los "escuadrones de la muerte" clandestinos y respaldados por el ej�rcito, aunque tambi�n participaron la polic�a y las fuerzas civiles paramilitares."69

Con respecto a una definici�n sobre el concepto de desaparici�n forzada de personas en relaci�n a la problem�tica de Am�rica Latina, en su informe anual (1986-1987), la Comisi�n Interamericana de Derechos Humanos de la OEA expresa que la desaparici�n forzada puede definirse:

"[...] como la detenci�n de una persona por agentes del Estado o con la aquiescencia de �ste, sin orden de autoridad competente, y en la cual su detenci�n es negada sin que existan informaciones sobre el destino o paradero del detenido". (70)

2. La desaparición forzada de personas en América Latina

Seg�n diversas fuentes, los primeros casos de desaparici�n forzada de personas por parte de agentes o personas al servicio del Estado en Am�rica Latina comienzan a partir de la d�cada de los 60, alcanzando niveles impresionantes en los a�os 70.

A�n no existen estudios sistem�ticos y rigurosos sobre el n�mero total de casos de desaparici�n forzada para cada pa�s y para el conjunto de Am�rica Latina. Salvo, en algunos pa�ses, despu�s de haber salido de dictaduras militares (Brasil, Uruguay, Argentina, Chile, El Salvador), comisiones de investigaci�n a nivel gubernamental, eclesi�sticas o humanitarias han realizado informes fiables. De acuerdo a una ordenaci�n cronol�gica de casos de desaparici�n forzada de personas por pa�s, ocurridos en Am�rica Latina se puede indicar lo siguiente:

Guatemala

En 1964, durante el r�gimen del coronel Enrique Peralta Azurdia, se produce la primera desaparici�n masiva de 28 dirigentes sindicales y pol�ticos, los que fueron secuestrados y lanzados al mar desde aviones militares. Los autores son agentes del Estado y "escuadrones de la muerte" (grupos paramilitares). A partir de esa fecha hasta estos �ltimos a�os se han producido cerca de 20.000 casos, seg�n Amnesty International, si bien fuente extraoficiales se�alan 35.000 desapariciones.

Hait�

A partir de la instalaci�n de la dictadura de los Duvalier hasta estos �ltimos a�os, seg�n FEDEFAM han habido cerca 12.000 casos.

Paraguay

A partir de la dictadura de Stroessner, que estuvo m�s de 30 a�os en el poder, han habido cerca de 140 casos, seg�n FEDEFAM.

Brasil

Durante los r�gimenes militares instalados entre 1964 y 1985, seg�n informaciones de la Iglesia cat�lica, se han producido 125 casos.

Uruguay

Desde 1973 hasta 1989, seg�n informaciones de organismos de derechos humanos del pa�s, se han producido 160 casos, la gran mayor�a de ellos ocurridos en Argentina, con 127 v�ctimas (entre mayo y octubre de 1976)

Chile (71)

Las desapariciones atribu�das al r�gimen militar de Pinochet, hasta la ocurrencia del �ltimo caso, el 14 de noviembre de 1989, sumaron varios cientos, de acuerdo a las coincidentes estad�sticas de los distintos organismos denunciantes de los cr�menes:

  • Comisi�n Nacional de Verdad y Reconciliaci�n (Informe Oficial de Gobierno): 957 casos;
  • Vicar�a de la Solidaridad de la Iglesia Cat�lica: 984 casos;
  • Agrupaci�n de Familiares de Detenidos-desaparecidos: 1.192 casos (1995)

Argentina

Desde el 24 de marzo de 1976 hasta 1983:

  • Seg�n la Comisi�n Nacional sobre la Desaparici�n de Personas (Informe Oficial de Gobierno): 9.000 casos;
  • N�meros extraoficial de casos: 30.000.

Per�

Desde 1987 hasta 1988, seg�n FEDEFAM, se han producido cerca de 3.000 casos.

Colombia

Seg�n FEDEFAM se han producido en los �ltimos a�os cerca de 1.108 casos.

Mexico

Seg�n informaciones de FEDEFAM se han producido 543 casos.

El Salvador

Seg�n informaciones de FEDEFAM han habido cerca de 6.705 casos.

Bolivia

Seg�n informaciones de FEDEFAM han habido cerca de 155 casos.

Honduras

Seg�n informaciones de FEDEFAM han habido 137 casos. (72)


Notas:

61. L�zara, Sim�n, Desaparici�n forzada de personas, Doctrina de la seguridad nacional y la influencia de los factores econ�mico-sociales, en La Desaparici�n, Crimen contra la Humanidad, Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, 1987, Buenos Aires p 32.

62. Ibid., p 33

63. Mattarollo, Rodolfo, �Qu� puede hacer el derecho internacional frente a las desapariciones? en la Desaparici�n, Crimen contra la Humanidad, APDD, Buenos Aires, p 177

64. L�zara, Sim�n, op cit., p 35-36

65. Idem.

66. Ibid., p 37.

67. Riquelme,Horacio, America del Sur:derechos humanos y salud psicosocial, en Era de Nieblas, Edit Nueva Sociedad, Caracas 1993, p 33.

68. Idem

69. Amnist�a Internacional, Cr�menes sin castigo, homicidios pol�ticos y desapariciones forzadas, EDAI, MAdrid, 1993, p 17.

70. La desaparici�n forzada como crimen de lesa humanidad, Grupo Iniciativa, Coloquio de Buenos Aires, 10 a 13 de octubre de 1988, p 157

71. En Chile, a�n no existe unanimidad entre los organismos e instituciones, sobre el n�mero total de casos de detenidos-desaparecidos

72. Los datos sobre el n�mero de casos de de desaparici�n forzada en Am�rica Latina, han sido obtenidos del Informe de FEDEFAM, expuesto al VIII Congreso de FEDEFAM, por su Presidenta, Pamela Pereira, en Bogot�, Colombia, del 13 al 20 de noviembre de 1988.


Editado electrónicamente por el Equipo Nizkor- Derechos Human Rights el 28sep01
Capitulo Anterior Proximo Capitulo Sube